Huertas de membrillo, de nogales y campos de trigo, Jalpa de Cánovas se levanta ya casi en el límite con Jalisco. Su vida comenzó como una hacienda, esa que alguna vez perteneció a don Manuel Cánovas, a quien debe su apellido el pueblo. Ahí están, para dar cuenta del pasado, las viejas trojes, la extinta tienda de raya, la casa del administrador y el pequeño Santuario de Guadalupe donde antes rezaban los hacendados y hoy lo hacen los habitantes.
El motivo
Jalpa de Cánovas solía ser una hacienda
Lo que primero fue una encomienda española y después una hacienda ganadera, es hoy el pueblo de Jalpa.
A finales del siglo XIX, Guadalupe Cánovas heredó de su padre, don Manuel, las 32,000 has. con las que contaba la finca.
Entre ella y su esposo Oscar Braniff administraron las tierras hasta que estas se perdieron después de la Revolución.
Hoy solo quedan el casco, convertido en museo, y unos cuantos edificios que formaban parte de la hacienda.
Lo básico en Jalpa de Cánovas
Entra a conocer el casco de la Hacienda de Jalpa para que veas cómo vivieron sus dueños.
Imprescindible
Recorrer los viñedos de Bodega el Lobo y probar sus vinos nombrados como algunas óperas.
Acudir a la Presa Nueva o a la Presa Santa Efigenia y pasear en kayak o lancha.
Hospédate en la Hacienda Cañada de Negros y conocer la iglesia a un costado, dedicada a la Virgen de la Luz.
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